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Manejo de patógenos del suelo en hortalizas

Manejo de patógenos del suelo en hortalizas

Las plantas cultivadas crecen, se desarrollan y expresan su máximo rendimiento, sólo cuando se les cultiva bajo condiciones favorables de temperatura, luz, humedad y nutrientes.

Aunque también se les debe proteger de los organismos que compiten con ellas por espacio, agua y elementos nutricionales disponibles en el suelo, así como de los diferentes parásitos que las afectan.

El fin principal en todo el sistema de control de invernadero, ya sea del clima, fertilización, riego o de la mecanización, es la obtención de un máximo rendimiento y calidad por unidad de superficie en un periodo de tiempo limitado.

El ambiente controlado de un invernadero provee un nivel de manejo que no es posible bajo condiciones de campo abierto. Muchos factores que afectan el desarrollo de las plantas, como la fertilidad del suelo y humedad disponible, son fácilmente ajustados para lograr plantas vigorosas y sanas.

Asimismo, el invernadero también provee condiciones ideales para la dispersión de algunas enfermedades e insectos, lo que hace que el control de estos sea una parte fundamental de la producción.

Aunque la meta principal de la producción en invernadero sea lograr utilidades, hay otras consideraciones que demandan atención, como son lograr productos que no representen riesgos en la salud de los consumidores, proveer protección a los trabajadores y evitar la contaminación ambiental por el uso de plaguicidas.

Para que una enfermedad se desarrolle en una planta deben estar presentes varias condiciones: Una planta susceptible, un organismo patogénico, un buen mecanismo de distribución del organismo y un ambiente apropiado para que ésta exista. Cuando las condiciones son apropiadas, la infección ocurre y el agente de la enfermedad se establece.

La elección del método apropiado de manejo debe basarse en el conocimiento preciso del patógeno causante de la enfermedad, su ciclo de vida, tiempo de infección, la parte de la planta involucrada, el método de distribución del agente, pasado, presente y futuro de las condiciones ambientales y ciertas consideraciones económicas.

Las técnicas de manejo incluyen el uso de variedades o híbridos resistentes, el uso de suelos no infestados o rotaciones prolongadas, esterilización del suelo con calor o químicos; uso de semilla limpia (certificada o producida en áreas libres de la enfermedad); tratamiento de la semilla con calor o químicos; control de insectos y malezas; uso de agentes de control biológico y tiempos apropiados y aplicación de fungicidas y nematicidas.

El manejo eficiente de las enfermedades requiere la prevención o, si esto no es posible, reducir la dispersión de la enfermedad una vez que ésta ha ocurrido.

¿Qué podemos hacer para prevenir la aparición de una enfermedad o reducir el riesgo de una epidemia al principio de la estación de cultivo?

Por muchos años se han recomendado nueve procedimientos que tienen su respectivo porcentaje de importancia en el contexto global del manejo de enfermedades de vegetales.

Es claro que no todas las enfermedades de un cultivo en particular pueden ser controladas siguiendo los anteriores procedimientos. Sin embargo, la extensión de la enfermedad y los consecuentes costos de control pueden ser reducidos significativamente por el seguimiento de estos procedimientos tanto como sea posible.

Debe de notarse que esta estimación indica que las aplicaciones son sólo responsables del 20% del control de las enfermedades. Usando las otras técnicas, las cuales contribuyen con el 80% del control de la enfermedad, no solamente pueden mejorar ampliamente el manejo de la enfermedad, sino que también reducir los costos de aplicación y mejor calidad de las cosechas.

Tácticas de manejo de enfermedades

Rotación de cultivos y labranza

La rotación de los campos con diferentes cultivos cada año no es sobreenfatizar a esta estrategia como la más importante y de fácil implementación.

Esta práctica evita el establecimiento de ciertos patógenos de plantas en el suelo.

La elección de cultivos no relacionados en la rotación incluye al frijol, maíz, vegetales de hoja, cucurbitáceas y crucíferas.

Un buen esquema de rotación para nematodos en vegetales podría ser con cultivos para grano (como el maíz) o forrajes en un periodo de al menos dos estaciones de cultivo.

Algunos patógenos del suelo no son fácilmente controlados por rotación.

Tales enfermedades son causadas por patógenos que producen estructuras que pueden resistir el efecto del tiempo y cultivos no hospedantes.

Otros patógenos tienen un amplio rango de hospedantes que pueden sobrevivir indefinidamente debido a que muchos cultivos y malezas le sirven como hospedantes, como Rhizoctonia, Sclerotinia y Verticillium.

Otros patógenos no son afectados por la rotación porque pueden sobrevivir en otras áreas y ser introducidos cada año.

Muchos patógenos pueden sobrevivir exitosamente en asociación con residuos de cosecha y son incapaces de hacerlo una vez que el material se ha descompuesto.

Variedades resistentes

El empleo de variedades resistentes está entre los métodos de control de enfermedades más económicos que existen.

Aunque no hay variedades resistentes disponibles para todos los problemas de enfermedades, esta opción debe ser usada siempre que sea posible.

Por ejemplo, se tiene la resistencia a la mancha bacteriana del chile.

El uso de variedades resistentes para enfermedades foliares puede prevenir gastos y consecuencias ambientales por la aplicación de agroquímicos.

Semillas y plántulas sanas

Una regla básica para el control de enfermedades de plantas es iniciar  cada estación de cultivo con semilla y plantas sanas.

Un cultivo establecido con plantas infectadas o infestadas puede contaminar totalmente un campo.

La introducción de material enfermo como fuente de inóculo primario en el campo podría incrementar ampliamente la oportunidad de una epidemia, que resultaría en la reducción de rendimiento, baja calidad de la cosecha y costos agregados de control.

Aunque las enfermedades pueden ser introducidas por semilla de compañías comerciales, este tipo de semilla es la más confiable.

Guardar semilla de estaciones previas de un cultivo es una forma certera de preservar una enfermedad año tras año.

El tratamiento de semilla es muy importante para obtener un buen inicio en la producción.

Muchos proveedores de semilla la tratan antes de hacer las ventas al productor, si no es el caso, el productor también puede hacerlo.

El uso de  semillas y trasplantes sanos puede ayudar al productor a reducir sus costos y el daño ambiental por la aplicación de fungicidas.

Frecuentemente, cuando una afectación se inicia en el campo como consecuencia de un transplante enfermo, el daño o pérdida de cosecha podría continuar sin importar el tratamiento que se efectúe.

Pepino dañado por Rhizoctonia

Pepino dañado por Rhizoctonia

Otras prácticas culturales

Existen otras prácticas que se pueden aplicar para lograr condiciones menos favorables para el desarrollo y dispersión de la enfermedad.

Éstas incluyen el planteo después del tratamiento del suelo con calor selección de suelos bien drenados, usar camas bien levantadas, reducción de densidades de población, control de malezas, programación de riegos cuando el follaje pueda secarse más rápido, evitar daño en raíces por labores de cultivo y orientación de la plantación.

Principales enfermedades del cultivo del tomate

Damping off o secadera

La secadera de plántulas (Phytophthora, Pythium y Rhizoctonia spp. en invernadero puede ocurrir como resultado de la presencia del o los patógenos en el sustrato o en al agua de riego.

  • Síntomas. Las plántulas pueden mostrar un colapso en la región de hipocotilo y sistema radical.

Es común que aparezcan manchones de plantas que inicialmente presentan un marchitamiento repentino, que se doblan y mueren debido al estrangulamiento del tallo a nivel del suelo.

  • Epidemiología. La fuente de inóculo inicial de esta enfermedad es el suelo o sustrato que se emplea para la producción de las plántulas en el invernadero, así como los suministros de agua que pueden venir contaminados por alguno de los patógenos.

Por otro lado, es probable la presencia de estos patógenos en residuos de raíces y suelo que permanecen adheridos a las charolas de producción de plántula.

La enfermedad se dispersa rápidamente bajo condiciones de alta humedad en el suelo, sobre todo cuando los riegos son demasiado pesados.

  • Control. En condiciones de invernadero es aconsejable la desinfestación apropiada del sustrato, charolas y agua de riego y sobre todo evitar los riegos excesivos.

Para prevenir el ataque es necesario tratar el sustrato y aplicar fungicidas durante los primeros riegos de la plántula.

Pudrición de la corona

Los síntomas consisten en amarillamiento tenue del borde de las hojas más viejas, que posteriormente progresa a las hojas superiores.

El amarillamiento avanza en dirección a la nervadura central y el tejido afectado muere.

Algunas plantas se marchitan rápidamente y mueren al madurar los primeros frutos.

La raíz primaria, al igual que las raíces secundarias, pueden podrirse por completo. En la raíz principal, la necrosis se extiende a la corona y puede ascender hasta 30 cm.

El hongo posee potencial más destructivo que la marchitez por Fusa-rium por presentar mayor capacidad patogénica, de supervivencia y diseminación.

En inoculaciones artificiales ha mostrado tener un amplio rango de hospedantes. En condiciones de campo se carece de estudios al respecto.

La pudrición de la corona puede ser una enfermedad grave en suelos tratados con vapor de agua caliente o fumigantes, debido a que el hongo tiene la capacidad de recolonizar rápidamente los suelos tratados.

No es posible diferenciar a Fusarium oxysporum f. sp. lycopersici (Fol) y Fusarium oxysporum f. sp. radicis-lycopersici con base a su morfología. Sin embargo, hay diferencias notables en patogenicidad, síntomas y rango de hospedantes.

Marchitez por Fusarium

Esta enfermedad es de distribución cosmopolita y en muchos países se ha considerado como una de las más destructivas, principalmente en periodos en que no se dispone de variedades resistentes a los biotipos del momento.

  • Sintomatología. La enfermedad consiste en una marchitez que a nivel de campo inicia con amarillamiento ascendente del follaje; las hojas más viejas pueden mostrar el amarillamiento en la mitad de los foliólos, que al avanzar los cubre por completo, las hojas y ramas son invadidas, se deshidratan, se marchitan y mueren.

Las plantas enfermas muestran pudrición de raíces y los tejidos conductores se tornan de color café, con necrosis interna que se extiende a lo largo de los tallos hasta las ramas superiores.

Bajo condiciones de campo, los síntomas inician en floración y se intensifican al generalizarse la producción de frutos.

La enfermedad normalmente permite que haya producción pero acorta el ciclo productivo de las plantas, la producción se reduce y la calidad de la fruta es afectada severamente.

  • Etiología y epidemiología. El patógeno causante de la enfermedad es el hongo Fusarium oxysporum f. sp. lycopersici, que tiene tres razas fisiológicas que son morfológicamente idénticas y sólo varían en su patogenicidad.

El hongo es un Deuteromycete que produce tres tipos de esporas asexuales (microconidias, macroconidias y clamidosporas).

Este hongo es habitante del suelo. Sus clamidosporas germinan y penetran a las raíces de la planta por heridas.

El patógeno se puede diseminar en la semilla, suelo, adherido a implementos agrícolas, en partes de plantas infectadas y en el agua de riego.

La enfermedad es favorecida por temperaturas entre 25 y 32°C y humedad alta del suelo.

El patógeno produce principalmente tres toxinas (ácido fusárico, licomarasmina y vasinfuscarina), que son responsables del amarillamiento del follaje, necrosis vascular y muerte de la planta.

  • Control. La medida de control más eficiente es el uso de variedades resistentes.

Casi todas las variedades disponibles en la actualidad son resistentes a la raza 1, la mayoría son resistentes a las razas 1 y 2 y muy pocas a la raza 3.

Al parecer, las variedades FA-380 Sebring y Soraya son resistentes a todas las razas.

Otras medidas que pueden ser de utilidad son plantar en suelos donde la enfermedad no existe, usar semilla libre del patógeno, solarización y fumigación del suelo.

Planta de tomate dañada por Fusarium oxysporum

Planta de tomate dañada por Fusarium oxysporum

Agallamiento de la raíz

Los nematodos fitoparásitos son gusanos microscópicos que se alimentan de las raíces de las plantas.

Estos sobreviven en el suelo y tejidos de plantas.

El nematodo agallador Meloidogyne incógnita tiene un amplio rango de plantas hospederas y se desarrolla en áreas de clima cálido.

La presencia de elevadas poblaciones del nematodo puede causar reducciones significativas de la producción.

  • Síntomas. El ataque de nematodos se manifiesta en plantas como manchones cloróticos, achaparramiento y marchitamiento.

Estos síntomas pueden ser similares a los causados por otros patógenos del suelo, sin embargo, la evidencia más clara del ataque de Meloidogyne es el desarrollo de agallas en el sistema radical de la planta infectada.

  • Epidemiología. La alimentación de las larvas recién eclosionadas de los huevecillos se inicia cuando éstas se ponen en contacto con las raíces de las plantas.

Las larvas hembras se establecen de manera permanente en la raíz, con lo que causan que las células alrededor comiencen a agrandarse y dividirse, lo que da lugar a células gigantes.

Las hembras fecundadas o no por los machos empiezan a producir huevos dentro o fuera de la raíz.

El ciclo completo puede durar 25 días a una temperatura de 27°C, pero puede prolongarse a temperaturas superior o inferiores.

  • Control. Para tomar decisiones de manejo, es importante conocer la especie de nematodo presente.

Si el cultivo anterior presentó problemas por el ataque de nematodos (que se sabe son también parásitos de chile) es probable que las poblaciones presentes sean lo suficientemente elevadas para causar un daño grande en el siguiente cultivo.

La rotación de cultivos puede no ser fácilmente implementada debido al amplio rango de hospedantes, pero es conocido que la rotación prolongada con gramíneas contribuye a reducir significativamente las poblaciones, por lo que se pueden establecerse chiles sin necesidad de tratamientos específicos para el control de nematodos.

La solarización del suelo puede contribuir a la reducción de poblaciones, pero se conoce que su efecto tiene acción limitada a los primeros 15 ó 20 cm de profundidad del suelo.

Durante el periodo de descanso del suelo en el verano, se recomienda mantenerlo libre de malezas que pueden ser hospedantes de este nematodo; al mismo tiempo, se sugiere un buen programa de preparación del suelo para exponer a los nematodos al efecto del calor de Sol.

Cuando se desarrolla el programa de preparación de tierras se debe tener cuidado en la limpieza de maquinaria e implementos, esto para evitar la movilización de suelo contaminado con este patógeno.

Para el tratamiento químico se pueden emplear productos fumigantes, como Metam sodio, Bromuro de metilo y Telone, además de nematicidas como el Vidate, Cadusafos y Etoprop.

En la actualidad existen alternativas de tipo biológico que pueden ser aplicadas en el programa de manejo, como Dithera y Biostat.

Chile dañado por Phytophthora

Chile dañado por Phytophthora

Principales enfermedades del cultivo del chile

Marchitez

La marchitez es provocada por el hongo Phytophthora capcisi.

La enfermedad ha sido la causa de innumerables daños en diferentes épocas y regiones del mundo donde se produce chile.

Asimismo, puede llegar a afectar otros cultivos, como la berenjena, tomate, calabaza, pepino, sandía y melón.

  • Síntomas. Phytophthora puede atacar las raíces, tallos, hojas y frutos, lo que depende del estado de la planta en que se da la infección.

Los síntomas en la parte superior de la planta incluyen un rápido marchitamiento y muerte.

La confirmación de la causa de la enfermedad requiere del examen cuidadoso de las raíces y tallos de las plantas afectadas.

La lesión del tallo puede ocurrir en cualquiera de sus niveles. Como consecuencia de la infección se presenta una decoloración interna, colapso y puede observarse un aspecto leñoso; la lesión bloquea el tallo, lo que conduce a la marchitez de la parte superior de la planta o puede ocurrir su marchitamiento y muerte antes de que se de la lesión del tallo, debido a que el hongo invade las partes superiores de la planta.

Los frutos infectados muestran partes de color oscuro, de aspecto acuoso, que posteriormente se cubre con un moho blanco y esporas.

  • Epidemiología. El hongo sobrevive en el suelo de manera natural y puede infectar chiles y otros cultivos en diferentes estados de desarrollo cuando hay un exceso de humedad en el suelo.

El hongo sobrevive en el suelo, en forma de zoosporas, y en semillas infestadas.

Las plantas infectadas producen esporangios que liberan zoosporas que se mueven a través del agua y pueden germinar sobre los tejidos de la planta e iniciar una nueva infección y así se repite el ciclo de producción de esporangios y zoosporas.

Cuando la humedad es alta, los esporangios pueden sobrevivir por largos periodos.

Durante estas condiciones los esporangios pueden ser llevados por el aire a largas distancias, con lo que se origina una amplia diseminación y un rápido incremento de la enfermedad.

Las zoosporas son rápidamente dispersadas por salpique y por el agua de riego.

La enfermedad se desarrolla primero en las áreas bajas del cultivo y puede ser ampliamente distribuida en otras partes del campo por el agua de riego o lluvia.

Temperaturas entre 24 y 29°C y prolongados periodos de humedad favorecen la enfermedad.

  • Control. Debido a que Phytophthora es favorecido por suelos con mal drenaje, se debe poner especial atención a las prácticas culturales, especialmente en terrenos con antecedentes de la enfermedad.

La rotación con cultivos que no sean tomate, chile y cucurbitáceas (por al menos tres años), contribuye al mejor manejo de la enfermedad.

La preparación de las camas de planteo se debe levantar lo suficiente para mejorar el drenaje.

La aplicación de fungicidas dependerá del cultivo y del estado particular de la fase de la enfermedad.

La fumigación del suelo no es muy recomendable, pues el hongo rápidamente recoloniza el suelo tratado.

En producción bajo invernadero se puede practicar el uso de injertos sobre materiales resistentes.  HC

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